Los huecos en los troncos de los árboles son como «pisos de protección oficial» de la naturaleza. Son recursos vitales (estructuras clave) que sirven de hogar, refugio y zona de cría para cientos de especies de aves, murciélagos, insectos y pequeños mamíferos que sostienen la biodiversidad de nuestros bosques. Sin embargo, en el clima mediterráneo, saber cómo y por qué se forman estos agujeros seguía siendo un misterio.
Un nuevo estudio científico ha analizado a fondo la formación de estas cavidades en los robles y encinas de la península ibérica. Comparando 18 especies de árboles europeos, los investigadores han descubierto las complejas reglas que dictan dónde y cómo aparecen estos valiosos refugios.
Madera como el hierro: los pájaros carpinteros lo tienen difícil
La primera gran conclusión del estudio tiene que ver con la dureza de la madera. Al analizar la densidad de distintas especies europeas, los científicos descubrieron una regla fija: a mayor dureza de la madera, menor es el porcentaje de huecos excavados por animales (como los pájaros carpinteros).
Los robles, encinas y alcornoques ibéricos se sitúan en el extremo superior de esta escala: su madera es extremadamente densa y resistente. ¿El resultado? Los pájaros carpinteros apenas pueden excavar en ellos. Por lo tanto, a diferencia de lo que ocurre en los bosques del norte o centro de Europa, los huecos en el Mediterráneo no dependen de los picos de las aves, sino de procesos naturales de pudrición.
El papel inesperado de los usos humanos tradicionales
Como los animales no pueden perforar fácilmente esta madera «de hierro», los huecos necesitan una ayuda externa para empezar a formarse. Curiosamente, las prácticas humanas tradicionales actúan como el detonante perfecto:
- La poda, la extracción de corcho y las talas selectivas rompen la corteza y crean «heridas» en el árbol.
- Estas heridas son las puertas de entrada ideales para que los hongos y los insectos saproxílicos (los que comen madera muerta) colonicen el interior del árbol.
- Con el tiempo, la humedad y la acción de estos organismos van ablandando y carcomiendo el interior del tronco, creando la cavidad de forma natural.
Por el contrario, la gestión forestal intensiva moderna (como la tala rasa de parcelas enteras o la retirada de árboles viejos y caídos) elimina por completo la posibilidad de que existan estas cavidades.
La amenaza del cambio climático
El estudio advierte que este frágil equilibrio está en peligro debido al cambio climático. La formación de huecos por pudrición necesita cierta dinámica de humedad para que los hongos y los insectos hagan su trabajo.
Con el aumento de las temperaturas máximas y las sequías prolongadas en el Mediterráneo, los árboles sufren más estrés hídrico y el ambiente se vuelve demasiado seco. Esto debilita y frena la actividad de los organismos que ablandan la madera, bloqueando la «fábrica natural» de huecos.
Conclusión: ¿Cómo podemos proteger estos hogares naturales?
Los autores del estudio concluyen que las redes de cavidades en los bosques mediterráneos son el resultado de una combinación única entre la resistencia natural del árbol, la ayuda de hongos e insectos, y la historia del manejo humano.
Para salvar la biodiversidad que depende de estos agujeros frente al cambio climático, la gestión forestal del futuro debe cambiar: es urgente conservar los árboles más viejos y maduros (árboles veteranos) y mantener perturbaciones moderadas (como podas tradicionales selectivas) en lugar de limpiar los bosques en exceso. Mantener estos árboles «viejos y heridos» es vital para que la vida silvestre siga teniendo un lugar donde vivir.
Este trabajo ha sido parcialmente subvencionado por la convocatoria de proyectos de Parques Nacionales (SPIP2023-029955).
Accede al trabajo completo en: https://authors.elsevier.com/sd/article/S0378-1127(26)00565-7







