Las oquedades de los árboles son pequeños ecosistemas forestales que ofrecen alimento, refugio y condiciones de temperatura y humedad más estables que el exterior. En ellas habitan numerosos artrópodos, entre ellos escarabajos, muchos estrechamente ligados a la madera y a las propias cavidades, y arañas, depredadores que utilizan estos microhábitats de forma más ocasional. Por su abundancia, diversidad y sensibilidad a los cambios ambientales, ambos grupos son especialmente útiles para estudiar la respuesta de la biodiversidad en oquedades arbóreas en el contexto de cambio global actual.
Sin embargo, en lo primero en que nos hemos fijado, desde hace muchas décadas, al estudiar los cambios temporales en las comunidades de artrópodos es si el conjunto de especies ha variado y de qué manera, dejando de lado el aspecto funcional. La diversidad funcional está estrechamente ligada con el funcionamiento del ecosistema, y al igual que la diversidad especies, también puede cambiar. Por ejemplo, una comunidad puede pasar de estar dominada por especies con unos rasgos específicos a otra comunidad dominada por especies funcionalmente muy diferentes. Analizar esos rasgos funcionales permite profundizar en cómo responden las comunidades biológicas a cambios ambientales, y quizás, predecir qué especies se verán afectadas en el actual contexto de cambio global.
Para investigarlo, se analizaron las comunidades de arañas y escarabajos presentes en oquedades arbóreas del Parque Nacional de Cabañeros en dos periodos separados por once años: 2009–2010 y 2021–2022. El estudio se realizó en fresnedas, encinares y melojares, y analizó no solo el número de especies, sino también su diversidad funcional y rasgos como el tamaño corporal, la capacidad visual y la dispersión.
Los resultados mostraron que el número de especies de escarabajos disminuyó, mientras que el de arañas aumentó, aunque la riqueza funcional apenas cambió con el tiempo. Sin embargo, sí se detectó una reorganización en la estructura funcional de las comunidades: en conjunto, las comunidades actuales tienden a estar formadas por especies de menor tamaño y con mayor capacidad de dispersión que las registradas una década antes.
El patrón más claro apareció en los escarabajos dependientes de la madera de los melojares de Quercus pyrenaica. En estos bosques, las especies pequeñas y más dispersivas aumentaron su importancia relativa, mientras que las especies grandes y menos dispersivas se hicieron menos frecuentes.
Esta reorganización funcional relacionada probablemente, entre otras causas, con alteraciones negativas en la idoneidad de las oquedades o con el aumento de la temperatura media en el lugar de estudio, pone de manifiesto la importancia de integrar enfoques funcionales en los estudios para ofrecer una comprensión más completa de los cambios observados en las comunidades a escala espacio-temporal. Mantener los bosques estructuralmente complejos y redes continuas de oquedades arbóreas de calidad, especialmente en melojares son los deberes que nos llevamos a casa.
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Estudio parcialmente financiado por el proyecto PID2020-115140RB-I00 financiado por MCIN/ AEI /10.13039/501100011033 y Generalitat Valenciana, Proyecto CIAICO/2022/177 – Grupos de investigación consolidados







